El ataque a la flota
El Periódico de Catalunya publica una entrevista a Rafael Shutz, embajador de Israel en España.
Seré breve, sabiendo que la respuesta de Rafael Shutz a estas palabras será que soy un anti-semita, como lo eran los asesinados de la flota con ayuda humanitaria para Palestina.
Los semitas son un conjunto de pueblos que tienen en común el hecho de hablar una lengua semita. Aunque se le da un significado racial, carece de éste. Esta familia lingüística incluye las formas antiguas y modernas del árabe, hebreo, arameo, asirio, siríaco, acadio, yehén, tigriña, etc. Por tanto, hebreos y palestinos son tan semitas unos como los otros.
Una de las cosas que me ha llamado la atención de la entrevista es que en casi todas las respuestas el Sr. Shutz se refugia en que quienes dicen esto o lo otro, quienes hacen esto o lo otro (básicamente repudiar el salvaje abordamiento de un barco cargado con ayuda humanitaria en aguas internacionales), están ideológicamente contra Israel o quieren ensuciar la imagen de Israel.
Sr. Shutz, estar ideológicamente contra algo entra dentro del ámbito de lo que llamamos democracia. No se considera un delito excepto en países dictatoriales. Su país se define, al menos sobre el papel, como democrático. Por tanto, debería asumir que ideológicamente se puede estar a favor o en contra de muchas cosas y que ello no debería ser, en un país democrático, un arma arrojadiza contra nadie.
Por otra parte, la imagen de Israel la ensucia constantemente el propio Israel. El Goliat de esta guerra sucia y encubierta que el sionismo está librando contra esos molestos palestinos que se niegan a largarse de "su" tierra de Canaán. No me negará, Sr. Shutz (sí, sí lo hará) que es paradójico que un Estado democrático y laico moderno siga rigiéndose por una máxima religiosa como es la de "la tierra prometida", prometida por un dios, claro. Aunque todos sabemos que esas tapaderas religiosas siempre esconden motivaciones económicas: la expansión del territorio, el acceso a recursos como el mar, etc. Y eso les obliga, pobrecitos, a matar en cualquier lugar del mundo, sean aguas internacionales o el territorio de cualquier otro país del mundo. Ejemplos sobran y me recuerdan, a veces, a unos que disparaban al aire, tropezaban y, sin querer, mataban a alguien en la España franquista. Después mostraban por televisión peligrosísimos cuchillos de cocina con los que, al parecer, atacaban sanguinariamente a soldados fuertemente armados con armas automáticas...
Como colofón, hablaré de la frase del millón: "Sí, nueve personas han muerto, y 155 en el atentado de la India. ¿A quién le importa? Veintitrés españoles han muerto en las carreteras el último fin de semana". Terrible frase que resume el ideario de estos nuevos nazis: la vida no vale nada... si no eres sionista. Hay israelíes que luchan contra esa forma de ver el mundo. Por poner dos ejemplos: breaking de silence y women in black. Dos organizaciones que intentan cambiar la mentalidad de una parte del mundo sobre la forma de actuar de los distintos gobiernos de Israel y su desprecio por la vida humana y por las leyes internacionales. No estoy de acuerdo con el terrorismo, tanto menos con el terrorismo del Estado de Israel.
¿Por qué la diplomacia española, viajando ciudadanos suyos a bordo de la flota humanitaria, ha tenido una respuesta tan tibia? Quizá tenga algo que ver el hecho de que España haya vendido en 2009 un 44% más de armamento que el año anterior y que ese año autorizó ventas de armamento a Israel por valor de 2,8 millones de euros.
Sr. Shutz, si tienen un problema, resuélvanlo guardando un exquisito respeto por la ley, la suya, la de los demás países y el derecho internacional. Algo que también debería hacer el gobierno español cuando asegura, sin presentar documentos, que las armas vendidas a Israel, Marruecos, Colombia o Irán no se usan en conflictos o represión.

