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Soacha, Colombia, 2 de marzo de 2008

Dos años después, estas incansables madres, recibiendo presiones y amenazas, continúan su incansable lucha para exigir algo que parece tan simple como es la JUSTICIA. Dos años después todavía no se ha condenado a nadie. Dos años después, todo se resume con la destitución de 3 generales y otros 24 militares.

El motivo de esta lucha firme y pacífica: el ejército asesinó a sus hijos. Y lo hizo de la siguiente manera: alguien pagado recluta jóvenes con falsas promesas de trabajo (Soacha tiene una de las tasas de paro más altas de Colombia y es el lugar a donde van a parar las clases sociales excluidas hacia la periferia). Cuando los jóvenes acuden a la cita, son asesinados y "colocados" en un escenario que simula un combate guerrillero contra "las fuerzas del orden". Las opciones varían entre vestirles de uniforme, colocarles armas en las manos, etc. Parece mentira, ¿verdad? Pero, ¿con qué objetivo realizan esos montajes? Pues con un objetivo tan sencillo como conseguir ascensos y recompensas económicas.

El caso de los 16 jóvenes de Soacha supuso la punta del iceberg de unas 3.800 ejecuciones entre 2002 y 2009 (mandato de Álvaro Uribe) pero sirvió para destapar la existencia de esas prácticas criminales, de terrorismo de Estado. John Nilson Gómez, uno de los jóvenes asesinados, fue tirado desde un puente por investigar el asesinato de su hermano.

Recientemente Amnistía Internacional organizó una campaña de solidaridad con esas abnegadas madres. Blanca Nubia, Carmenza, Luz Marina y María agrad ecen en esta carta la iniciativa. Aunque de poco les sirve ante los vericuetos judiciales que van liberando procesados por "vencimiento de términos". Aún así, mediante esa campaña se dieron cuenta de que no están solas. Triste consuelo para algunos, pero consuelo al fin y al cabo. Esta es la carta.