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Torrerro, macho, españolo!!!

El Parlamento de Cataluña prohíbe los toros y se arma la de Dios es Cristo. Ignoro las cifras de asistencia a tan magno evento en las diferentes poblaciones. Ignoro, por ejemplo, si una ciudad como Reus tiene plaza de Toros. En Barcelona había dos y una de ellas ya hace tiempo que se está reconvirtiendo en un centro comercial. La otra, al parecer, era destino de guiris ávidos de sangría y sangre.

Corridas de toros

Porque, no nos engañemos, el espectáculo de los toros consiste en una auténtica barbaridad, perfectamente controlada, que nada tiene que ver con la lucha noble entre iguales. Toros drogados, con los cuernos afeitados, a los que se va desgarrando y desangrando por dentro con las banderillas para debilitarlos y nublarles la vista y el entendimiento. Caballos de picadores a los que se cubre con una armadura de mimbre (o similar) para que el público no vea sus entrañas colgando de las heridas causadas por los embites del astado acorralado. La probabilidad de que el toro atrape al torero es mínima. Y hay gente que disfruta de la mezcolanza de sol, sangre, arena y brutalidad humana.

Es un triunfo de los defensores de los derechos de los animales que llegaron, incluso, a fundar el Partido Antitaurino para presentarse a las elecciones. Aunque a mi me gustaría que defendi eran con el mismo ardor los derechos de las personas en tantas y tantas partes del mundo en que están siendo tratadas como los toros en el ruedo, aplaudo su pequeña victoria porque a mí, desde pequeñito, nunca me han gustado los toros (no el animal, entiéndase, si no el espectáculo de su degradación y muerte). Si eso me hace menos español, pues qué se le va a hacer...

Porque el espectáculo real de estos días lo han dado esas voces que tienen espacio y eco para expresarse públicamente sin pudor y que lo reducen todo a una cuestión de españolidad o anti-españolidad. Los gallegos comen pulpo, los asturianos beben sidra, los vascos son unos señores que levantan piedras, los catalanes son, simplemente, tacaños. ¿Qué pasa si a un asturiano no le gusta la sidra? ¡Pues que no es español! O, peor aún, que es maricón! Estos tópicos que nos llevan a que en una serie de televisión un gallego no pueda ser, por ejemplo, arquitecto, son el resumen barato del pensamiento monolítico del fascismo latente. Ese que está esperando (y abonando) un triunfal regreso en cuanto las condiciones "objetivas" sean las propicias. Veamos, si no, unos ejemplos de lo que se ha podido leer acerca de la prohibición de "la fiesta" en los medios españoles:

"No hay que bombardear nada. Pero muchos españoles no verían con malos ojos el establecimiento de fronteras, si no fuera por el canibalismo que amenazaría a los castellanopensantes en una sociedad monolítica" (Javier Villán)

"Después de los toros, la próxima cosa será el flamenco, la paella o la tortilla de patatas: todo lo que suene a español" (Isabel San Sebastián)

"El veto a la fiesta (...) constituye un acto explícito de afirmación soberanista. Es una vara de castigo clavada en el morro de un toro simbólico llamado España" (Ignacio Camacho)

"El burro como icono y su mansedumbre como virtud suprema revelan ese puritanismo, tan sentimental como sórdido, de los que no quieren destacar y están dispuestos a aplastar a quien lo haga" (Herman Tertsch)

"El Parlamento de Cataluña prohíbe los toros pero de paso reinventa el Santo Oficio, de manera que se mantiene en la tradición de la España más castiza y ortodoxa" (Fernando Savater)

No sé al resto del mundo, pero a mí estas afirmaciones de las voces de un pueblo que tira cabras desde campanarios, me ponen los pelos de punta y me suenan a tambores de una guerra que añoran, de una guerra en la que vencieron y cuyos "beneficios" se resisten a abandonar y dejar que sean substituidos por la razón y la civilización...